Huelva vivió este sábado una mañana cargada de dolor y tensión política. La ciudad despidió a los dos guardias civiles que perdieron la vida el viernes durante una persecución a una narcolancha, en un acto marcado por la ausencia institucional del Gobierno central y por las protestas de quienes se congregaron en la Comandancia de la Guardia Civil para rendir homenaje a los agentes fallecidos: Germán Pérez y Jerónimo Jiménez.
Una sola cara política ante el duelo
A las 10:30 de la mañana, en la puerta de la avenida Cristóbal Colón, hizo su aparición María Jesús Montero, candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía y ex vicepresidenta primera del Gobierno hasta el pasado mes de marzo. Acudió en solitario, sin respaldo institucional alguno del Ejecutivo, y fue recibida con una hostilidad que no tardó en manifestarse abiertamente. Entre los asistentes se escucharon expresiones de rechazo directo, con mensajes que la acusaban de acudir únicamente con fines electorales, en plena campaña de cara a las elecciones autonómicas del 17 de mayo.
Montero, pese al ambiente adverso, se acercó a los familiares de los agentes para transmitirles sus condolencias, antes de dirigirse bajo la lluvia a la misa celebrada en recuerdo de los guardias civiles fallecidos, presidida por el obispo de Huelva, Gómez Sierra.
El Gobierno, ausente en el momento más difícil
La representación del Ejecutivo en el acto religioso quedó reducida a la secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, junto a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y el delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández. Sin embargo, ningún miembro del Consejo de Ministros se desplazó a Huelva para acompañar a las familias.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, optó por comparecer ese mismo sábado por la mañana en la Moncloa, junto a la ministra de Sanidad, Mónica García, en una rueda de prensa sobre una nueva alerta sanitaria vinculada al hantavirus. En dicha comparecencia, Marlaska afirmó no sentirse interpelado por las críticas de la oposición, calificó lo ocurrido en dos ocasiones como un “trágico accidente” y defendió que la Guardia Civil cuenta con los medios necesarios para combatir el narcotráfico marítimo, una valoración que choca frontalmente con las denuncias de los sindicatos del cuerpo y de los partidos de la oposición, que señalan desde hace tiempo la falta de recursos y personal en esta lucha.
Ni la ministra de Defensa, Margarita Robles, ni ninguno de los vicepresidentes del Ejecutivo estuvieron presentes en Huelva. Tampoco acudió al acto el presidente Pedro Sánchez, quien canceló su prevista intervención en un mitin en La Línea de la Concepción como gesto de luto, pero no se trasladó a la capital onubense para acompañar a las familias de los fallecidos.
Un drama que ya tiene precedente reciente
Lo sucedido en Huelva no es un episodio aislado. Hace apenas dos años, en Barbate, dos guardias civiles —David Pérez y Miguel Ángel González— murieron en circunstancias muy similares cuando una narcolancha embistió la embarcación en la que patrullaban. En aquella ocasión, Grande-Marlaska sí acudió al funeral, aunque también tuvo que enfrentarse a las protestas y abucheos de asistentes que exigían mayor protección y más medios para los agentes desplegados en la costa.
La reiteración de este tipo de tragedias reaviva el debate sobre la seguridad en las aguas del litoral andaluz y sobre la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad frente a las redes de narcotráfico que operan en la zona.
Un contexto político que lo condiciona todo
El episodio se produce en uno de los momentos de mayor tensión política en Andalucía, con la campaña electoral para las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo ya en plena ebullición. La presencia de Montero en el funeral, lejos de proyectar una imagen de unidad institucional, terminó convirtiéndose en un foco de crispación, evidenciando el desgaste que arrastra el Gobierno central en determinados sectores de la sociedad andaluza, especialmente entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y sus entornos.
La jornada deja una imagen que previsiblemente alimentará el debate político en los días previos a los comicios: un Ejecutivo que eligió no estar, y una candidata que, al estar, asumió en solitario el coste de una ausencia que no era la suya.
