El accidente ferroviario ocurrido el pasado 18 de enero de 2026 en la localidad cordobesa de Adamuz, que involucró a un tren de alta velocidad de Iryo y a un convoy Alvia de Renfe, pudo tener su origen directo en un fallo estructural de la infraestructura. Los primeros avances en la investigación apuntan a que el punto exacto donde se desencadenó el descarrilamiento sufrió diversas anomalías eléctricas durante la noche previa a la tragedia, lo que indicaría que el carril ya presentaba una fractura importante horas antes del impacto final.
Fallos de tensión sin alerta de seguridad
Los registros de la red ferroviaria indican que durante la noche del 17 de enero se produjeron variaciones y caídas de tensión en el segmento de vía donde ocurrió el siniestro. Según los borradores manejados por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), estos episodios eléctricos constituyen el síntoma principal de que se había quebrado el raíl o una de sus soldaduras de unión.
A pesar de que este tipo de alteraciones de voltaje son poco comunes en las infraestructuras de alta velocidad, los sistemas tecnológicos de la red no emitieron ninguna alarma que obligara a detener la circulación en la zona. Esta ausencia de advertencias críticas permitió que la línea continuara operando y recibiendo tráfico con total normalidad a lo largo del día siguiente.
Circulación previa de pasajeros
La hipótesis de que la rotura se materializó la víspera del accidente cobra especial relevancia al analizar el tráfico ferroviario de aquella jornada. Antes de que el tren de Iryo colapsara, hasta tres convoyes comerciales transitaron por el carril presumiblemente fracturado sin sufrir consecuencias.
En concreto, por ese mismo trazado pasaron un tren de la operadora Iryo alrededor de las 17:21 horas, otro de la misma compañía sobre las 19:01 horas y un convoy de Renfe Viajeros a las 19:09 horas. En total, estas tres composiciones disponían de capacidad para transportar a unos 1.200 pasajeros, lo que evidencia el alto volumen de ocupación que soportó la vía afectada antes del fatal desenlace.
La mecánica de la colisión
El colapso estructural definitivo se produjo a las 19:43 horas del domingo, afectando al tren Iryo 6189 que cubría la ruta entre la estación María Zambrano de Málaga y Puerta de Atocha en Madrid. Al entrar por la vía 1 a la estación de Adamuz, se detectó el frenado del convoy tras el descarrilamiento de sus dos últimos coches.
Al salirse de los rieles, estos vagones traseros invadieron el gálibo de la vía 2. En ese preciso instante se aproximaba circulando en sentido contrario el tren Alvia 2384, que realizaba el trayecto entre Madrid y Huelva. La locomotora del tren de Renfe no pudo evitar el obstáculo y colisionó contra los coches del Iryo. Como resultado del violento impacto transversal, los dos primeros vagones del convoy Alvia acabaron precipitándose por un terraplén de cuatro metros de altura situado junto al trazado ferroviario.
