Madrid, 5 de febrero de 2026. — La paz accionarial en Indra ha saltado por los aires. En una operación de alto calado político y empresarial, Moncloa ha decidido intervenir directamente para asegurar el control de la compañía de defensa y tecnología más estratégica de España. Según fuentes cercanas a la operación, el Gobierno ultima un plan para apartar a Ángel Escribano de la presidencia ejecutiva de la compañía, un movimiento diseñado para despejar las dudas sobre el futuro gobierno corporativo de la multinacional tras su inminente fusión con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).
El temor a perder el mando
El detonante de esta ofensiva es el recelo del Ejecutivo a perder su hegemonía dentro del consejo de administración. Actualmente, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) posee el 28% del capital. Sin embargo, la integración con EM&E convertiría a la familia Escribano —que ya ostenta un 14,3% y cuenta con la sintonía del fondo Amber Capital (7,2%)— en un núcleo de poder capaz de contrapesar los intereses del Estado.
Los asesores económicos de Presidencia consideran que la situación actual es insostenible. Aunque la fusión es vista como necesaria para crear el gran “campeón nacional de la Defensa”, Moncloa no está dispuesta a pagar el precio de ceder el volante. Por ello, la estrategia pasa por exigir un paso al lado al actual presidente.
Raül Blanco, el recambio en la recámara
La maquinaria para la sucesión ya está en marcha. El nombre que suena con más fuerza en los despachos oficiales es el de Raül Blanco. El perfil encaja con las necesidades del Gobierno: exsecretario de Estado de Industria y expresidente de Renfe, Blanco conoce bien los resortes de la administración y actualmente ocupa un cargo directivo en SAPA Placencia, otro de los accionistas industriales de referencia en Indra (con un 7,9% del capital) y aliado tradicional del bloque gubernamental.
Tensión en el consejo y desmentidos públicos
La operación, no obstante, no está exenta de obstáculos. La SEPI no cuenta con la mayoría absoluta (más del 50%) necesaria para ejecutar un relevo fulminante sin negociar, lo que ha obligado a abrir una vía de presión directa. Informaciones recientes apuntan a que Ángel Escribano habría sido convocado a una reunión de urgencia en el complejo de la Moncloa para recibir este ultimátum.
Sin embargo, la resistencia es férrea. En un comunicado remitido esta misma mañana a agencias internacionales, el propio Ángel Escribano ha negado la mayor, asegurando que “nadie ha pedido mi dimisión” y desmintiendo la existencia de negociaciones para su salida. Una postura que choca con las declaraciones del consejero delegado, José Vicente de los Mozos, quien recientemente admitió que la fusión con EM&E se habría cerrado “hace mucho tiempo” si no existiera el actual conflicto de intereses por la presidencia.
Castigo en los mercados
Mientras se libra la batalla en los despachos, el mercado dicta sentencia. La incertidumbre sobre la gobernanza de la compañía ha provocado un severo castigo en la cotización de Indra, que acumula una caída superior al 13% en las últimas sesiones bursátiles. Los inversores temen que la lucha de poder paralice la hoja de ruta estratégica de la empresa en un momento clave para el rearme europeo.
El desenlace parece inminente. Moncloa busca cerrar la crisis antes de que el coste reputacional y bursátil sea irreversible, pero la familia Escribano no parece dispuesta a ceder su posición sin presentar batalla.
