El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado la puesta en marcha de ‘Hodio’, una nueva herramienta diseñada para rastrear la huella de los discursos de odio y la polarización en las redes sociales. El objetivo principal de esta iniciativa es exigir cuentas a las plataformas digitales por su permisividad frente a estos contenidos.
Durante la inauguración del Foro contra el Odio en Madrid, un evento que reunió a expertos, plataformas y víctimas coincidiendo con el aniversario de los atentados del 11M, Sánchez subrayó la necesidad de hablar de la “huella del odio”, estableciendo un paralelismo con la “huella de carbono” para visibilizar su impacto social y democrático.
La herramienta ‘Hodio’ permitirá medir cómo evolucionan e impactan estos discursos en la red. Según explicó el jefe del Ejecutivo, los resultados de este rastreo se expondrán de manera pública para que la ciudadanía conozca quién frena estos mensajes, quién mira hacia otro lado y quién se lucra con ellos. Para garantizar su precisión, la plataforma combinará un análisis cuantitativo con la revisión de expertos, basándose en criterios académicos rigurosos y transparentes.
Un espacio digital “fallido”
El presidente ha sido tajante al calificar a las redes sociales actuales como un “Estado fallido” carente de leyes, donde impera la impunidad y el odio opera como un “arma de polarización masiva”. Los datos respaldan esta preocupación: en 2025, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) identificó más de 845.000 contenidos de odio, superando los 1.300 diarios en el último trimestre. Aunque la tasa de retirada de estos mensajes por parte de las plataformas ha pasado del 22 al 51%, Sánchez ha advertido que sigue siendo “insuficiente”, recordando que en la última década los delitos de odio en el mundo físico han aumentado un 41%.
El discurso también apuntó directamente a los dueños de estas grandes plataformas, a quienes Sánchez denominó “tecnoligarcas”. Hizo una mención explícita a Elon Musk, señalando que desde que adquirió la red social X, los discursos de odio en dicha plataforma se han disparado un 50%.
Para ilustrar el peligro de la propagación digital, Sánchez recordó los altercados del pasado verano en Torre Pacheco (Murcia). Allí, la agresión a un hombre de 68 años mutó rápidamente en redes sociales hacia una convocatoria para dar “cacería” a personas de origen magrebí. Aunque en el mundo físico el odio “no ganó”, en el entorno digital encontró un eco donde se multiplicó exponencialmente.
Nuevas medidas legislativas en camino

La creación de ‘Hodio’ forma parte de un paquete de cinco medidas destinadas a recuperar el control democrático del ecosistema digital. Entre las acciones anunciadas, destaca el trabajo del Ejecutivo para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, una norma que ya se encuentra en tramitación parlamentaria. Además, se prevé la creación de un nuevo delito de “amplificación algorítmica” dirigido a penalizar a quienes diseñen algoritmos que propaguen el odio, y se instará a la Fiscalía a investigar los delitos generados por inteligencia artificial, con especial foco en la pornografía infantil.
Haciendo eco de la figura de Gisèle Pelicot, convertida en icono de la lucha feminista, Sánchez concluyó su intervención con un llamamiento: “Hagamos que aquí también la vergüenza cambie de bando”.
Las sombras y retos de ‘Hodio’
Si bien la iniciativa de frenar la toxicidad digital responde a una demanda social innegable ante el alarmante aumento del acoso y la discriminación, la implementación de una herramienta gubernamental como ‘Hodio’ plantea importantes interrogantes sobre la libertad de expresión y la neutralidad de la red.
En primer lugar, la delgada línea que separa un discurso legítimo (aunque resulte ofensivo para algunos sectores) del “discurso de odio” es a menudo subjetiva. Delegar la definición y medición de estos límites a una herramienta impulsada por el Gobierno genera el riesgo potencial de sesgos políticos a la hora de categorizar qué mensajes son considerados tóxicos y cuáles no.
Además, si el propósito es señalar públicamente (“name and shame”) a las plataformas y a quienes “hacen negocio” con estos discursos, existe el riesgo de crear un clima de censura preventiva. Ante el miedo a sanciones o al escarnio público impulsado por el propio Estado, las empresas tecnológicas podrían optar por el borrado masivo de contenidos a través de algoritmos automatizados, eliminando por error voces disidentes, activismo legítimo o debates controvertidos pero legales.
Por último, el reto técnico es monumental. Los algoritmos actuales de procesamiento de lenguaje natural aún tienen serias dificultades para interpretar el sarcasmo, el contexto cultural o la ironía en español. Por tanto, garantizar que ‘Hodio’ sea realmente un medidor “riguroso” y no una herramienta que criminalice la sátira o el debate político polarizado será el gran desafío que el Gobierno tendrá que demostrar.
