Madrid — El Senado ha vivido este jueves una de sus jornadas más tensas de la legislatura. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha comparecido ante la Cámara Alta para dar explicaciones sobre la situación de la red ferroviaria tras el catastrófico accidente de Adamuz (Córdoba), que se ha cobrado la vida de 45 personas, y el siniestro mortal en Gélida (Barcelona). Lo que debía ser una sesión explicativa se ha transformado en un clamor unánime de la oposición exigiendo su cese inmediato.
La llegada del ministro al hemiciclo ha estado precedida por una sonora protesta. Los senadores del Partido Popular han recibido a Puente con gritos de “¡Dimisión, dimisión!”, marcando el tono de una comparecencia extraordinaria forzada por la gravedad de los últimos acontecimientos. La sesión ha comenzado con un minuto de silencio en memoria de las víctimas, un breve paréntesis de solemnidad que apenas ha logrado rebajar la tensión política.
Desde las filas populares, la crítica se ha centrado no solo en la gestión de la crisis, sino en la presunta negligencia ante las señales de alarma. El PP ha anunciado que elevará la presión a instancias comunitarias, solicitando formalmente a Bruselas que evalúe el uso de los fondos europeos destinados al mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias en España. Según la oposición, existen dudas razonables sobre si las inversiones necesarias se han ejecutado correctamente, dado el estado de las vías en los puntos donde se han producido los siniestros.
No solo el Partido Popular ha cargado contra el titular de Transportes. Junts per Catalunya, socio habitual del Gobierno, se ha sumado a la petición de dimisión con dureza. El portavoz de la formación independentista, Eduard Pujol, ha advertido al ministro que “esto se ha acabado”, refiriéndose a la paciencia de su grupo parlamentario. Pujol ha recordado que ya habían “avisado” reiteradamente de los riesgos existentes, especialmente en el servicio de Rodalies, y ha calificado la situación de insostenible: “O lo hacen por las buenas o lo harán obligados por la presión popular”.
Durante su intervención, Óscar Puente ha reconocido por primera vez que existían carencias técnicas en el tramo del accidente de Adamuz, admitiendo que faltaba renovar “elementos sensibles” de la vía. Una declaración que, lejos de calmar los ánimos, ha servido de munición para que la oposición reafirme que la tragedia podría haberse evitado si se hubieran atendido los avisos sobre el deterioro de la red.
La jornada deja al ministro en una posición de extrema debilidad política, acorralado por una oposición que ve en la gestión ferroviaria el talón de Aquiles del Ejecutivo y por unos socios que exigen responsabilidades políticas de primer nivel ante el goteo de incidencias y víctimas.
