CARACAS / WASHINGTON – En un giro dramático de los acontecimientos que sacude el tablero geopolítico mundial, Estados Unidos ha ejecutado esta madrugada una operación militar a gran escala en territorio venezolano que ha culminado con la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. El ataque, realizado por unidades de élite y apoyado por bombardeos estratégicos, marca el punto de quiebre tras semanas de escalada de tensión entre Washington y Caracas.
“Operación exitosa”
La confirmación oficial llegó directamente desde la Casa Blanca. A través de su red social, Truth Social, el presidente Donald Trump anunció el éxito de la misión: “Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, que ha sido, junto con su mujer, capturado y sacado por aire del país”.
Según fuentes de Washington citadas por el senador Mike Lee tras conversar con el Secretario de Estado Marco Rubio, la extracción fue ejecutada por la Delta Force, una de las unidades de operaciones especiales más letales del ejército estadounidense. Se espera que ambos detenidos sean trasladados a Nueva York para enfrentar cargos penales ante la justicia estadounidense, siguiendo un patrón similar al de otros altos perfiles del narcotráfico internacional.

Noche de fuego en Caracas
La operación comenzó poco antes de las 02:00 de la madrugada (hora local), cuando una serie de bombardeos selectivos despertaron a la capital venezolana. Los ataques, que se prolongaron durante aproximadamente treinta minutos, tuvieron como objetivo puntos neurálgicos de la defensa del régimen: el aeropuerto de La Carlota, la Escuela Naval y, crucialmente, Fuerte Tiuna, el complejo militar donde reside y se protege el alto mando chavista.
Además de la capital, se reportaron impactos de misiles en el puerto de La Guaira, alcanzando buques anclados, y la destrucción de torres de radar en el municipio de El Hatillo. Analistas militares, como Andrei Serbin Pont, sugieren que la ofensiva buscaba “neutralizar capacidades” y degradar la infraestructura de mando y control del chavismo para facilitar la extracción.
El chavismo, descabezado y en alerta
La reacción del oficialismo ha sido una mezcla de confusión y furia. En ausencia de Maduro, el gobierno ha decretado el “estado de conmoción interior”. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, visiblemente alterada, apareció en la televisión estatal exigiendo una “prueba de vida inmediata” tanto de Maduro como de Flores, calificando la operación como un “ataque brutal y salvaje”.
Por su parte, Diosdado Cabello, ministro de Interior y figura clave del régimen, tardó más de cuatro horas en comparecer. Lo hizo desde la calle, fuertemente escoltado, asegurando que “el país está en completa calma” y que los objetivos estadounidenses se lograron solo “parcialmente”.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, rodeado por el alto mando militar, reconoció bajas civiles y militares, pero mantuvo una retórica desafiante: “Nos han atacado pero no nos doblegarán. La victoria es nuestra”.
Incertidumbre en las calles
Mientras amanece en Venezuela, el silencio reina en gran parte de Caracas, interrumpido solo por la falta de electricidad en varios sectores y el miedo a nuevas réplicas. Testimonios recogidos en la capital describen calles vacías y una población que oscila entre el pánico y una cautelosa esperanza tras 27 años de régimen bolivariano.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, confirmó que “Venezuela ha sido atacada”, publicando un listado de infraestructuras dañadas, incluido el Palacio Federal Legislativo.
El mundo aguarda ahora los próximos pasos de la administración Trump y las posibles represalias de las fuerzas leales al chavismo, mientras se abre un capítulo inédito en la historia de América Latina.