En la primavera de 2025, mientras Indra exploraba la incorporación de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) a su entramado industrial, José Luis Rodríguez Zapatero movió fichas para entrevistarse personalmente con Ángel Escribano, quien por entonces compaginaba la presidencia ejecutiva de la multinacional española con la propiedad de la firma de defensa.
Los contactos en la sombra durante la primavera
Las comunicaciones mantenidas entre el exjefe del Ejecutivo y su asistente personal evidencian que el 12 de mayo de ese año se dio la orden explícita de cuadrar un “café” con el directivo. Esta petición se produjo pocas semanas después de que Indra notificara oficialmente al supervisor del mercado bursátil su interés en evaluar adquisiciones en el sector armamentístico, destacando expresamente a EM&E entre sus opciones de análisis.
Las gestiones para cerrar el encuentro fructificaron rápidamente a lo largo de esa semana. Tras varios ajustes de agenda, en los que el propio político socialista intervino para encajar la reunión tras una comida, la cita quedó fijada finalmente para la tarde del miércoles 21 de mayo a las 17:00 horas. Estos movimientos coincidían temporalmente con turbulencias internas en la compañía cotizada, ejemplificadas en la dimisión de altos responsables del área tecnológica y en las filtraciones sobre las reticencias a la fusión de accionistas clave como el grupo vasco Sapa.
Segunda ronda de reuniones y conflicto de intereses
A finales de año, con las conversaciones corporativas en una etapa mucho más madura, el entorno de Zapatero volvió a buscar acercamientos. El 10 de diciembre de 2025, justo el mismo día en que el consejo de administración de la tecnológica validó por unanimidad que la integración encajaba en su estrategia, se plantearon nuevas opciones de disponibilidad para un encuentro. Sin embargo, los mensajes posteriores revelan que el empresario terminó cancelando una de las citas previstas para mediados de ese mes.
El trasfondo de todos estos contactos estaba marcado por la complejidad de diseñar una operación que consiguiera sortear el evidente conflicto de intereses que arrastraba Escribano por su doble condición. La tensión institucional derivó finalmente en su dimisión en abril de 2026, propiciada por las exigencias directas de la SEPI, que reclamaba despejar cualquier incompatibilidad antes de seguir avanzando en la fusión. Tras su salida, parte del accionariado crítico acabó vendiendo su participación, lo que abrió paso a negociaciones con valoraciones económicas distintas para la firma de defensa.
Las notas internas y el tablero de Moncloa
De forma paralela a estos movimientos oficiales, el nombre de la compañía tecnológica circulaba también en documentos incautados a figuras vinculadas a operaciones internas del partido socialista, donde se recopilaba información delicada sobre líderes empresariales. Estos manuscritos, que incluían apuntes despectivos sobre la formación académica y el nivel de idiomas del expresidente de Indra, dibujaban un escenario corporativo mucho más amplio.
Los textos sugerían un interés desde las altas esferas gubernamentales por impulsar una megaoperación en la que Telefónica terminara absorbiendo a la tecnológica. Este movimiento, supuestamente respaldado por asesores económicos del Gobierno, encajaría en una estrategia global que también contemplaba operaciones paralelas de integración de medios de comunicación en el gigante de las telecomunicaciones.
Crecimiento empresarial ligado al ámbito público
La trayectoria de la empresa de la familia Escribano ha estado históricamente jalonada por su relación con las administraciones públicas y sus ciclos de inversión. Sus primeros grandes respaldos financieros, en forma de préstamos y ayudas institucionales, llegaron entre 2006 y 2011.
No obstante, su consolidación definitiva en la primera línea de la industria nacional se materializó en 2020, impulsada por su participación en el ambicioso programa de vehículos blindados 8×8 del Ejército. A partir de ese punto de inflexión, la firma encadenó importantes adjudicaciones estatales que le permitieron ganar volumen operativo, sentando las bases patrimoniales para la posterior y controvertida entrada de los hermanos en el núcleo duro del accionariado de Indra.
