Madrid – El malestar en la sanidad española ha vuelto a salir a la calle este sábado, 14 de febrero de 2026. Al menos 4.000 médicos, según las primeras estimaciones policiales, han recorrido el centro de Madrid en una manifestación que marca el inicio de una nueva etapa de conflictividad laboral en el sector. Bajo la lluvia intermitente, los facultativos han lanzado un ultimátum al Ministerio de Sanidad: o hay un estatuto específico para la profesión médica, o habrá huelga.
La marcha, que discurrió entre el Congreso de los Diputados y la sede del Ministerio de Sanidad, se ha desarrollado en un ambiente reivindicativo pero festivo, con la presencia de numerosas familias y niños. Sin embargo, el mensaje de fondo es grave: los sindicatos convocantes han anunciado el inicio de una serie de huelgas que comenzarán este mismo lunes y se extenderán hasta el mes de junio, con una programación de una semana de paro cada mes.
Un frente común contra el acuerdo actual
La protesta ha sido convocada por un bloque sindical unitario compuesto por la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Metges de Catalunya (MC), AMYTS (Madrid), el Sindicato Médico de Euskadi (SME) y O’MEGA (Galicia).
El motivo central del conflicto es el rechazo frontal al nuevo Estatuto Marco que el Ministerio de Sanidad ha acordado con los sindicatos generalistas (SATSE-FSES, CCOO, UGT y CSIF). Los médicos denuncian que este marco regula las condiciones de todo el Sistema Nacional de Salud sin tener en cuenta las especificidades de su profesión y exigen una negociación directa sin intermediarios.
Víctor Pedrero, secretario general de CESM, ha sido contundente en sus declaraciones: «Aquí solo hay una opción, o se rectifica y se permite a los médicos […] tener un ámbito de negociación propio […], o se acabará desmantelando la sanidad y se quedará sin médicos».
“Mónica dimisión” y la vocación como moneda de cambio
Durante el recorrido, los manifestantes, ataviados con sus características batas blancas y portando globos rojos con formas de corazón, han coreado consignas pidiendo la dimisión de la ministra Mónica García y asegurando que «este estatuto lo vamos a parar».
Las pancartas reflejaban el agotamiento del colectivo con frases como «Hago horas a destajo y me pagan con vocación» o «Mejores condiciones igual a mejor atención». Para los convocantes, la situación actual impide prestar una atención de calidad. Óscar Cordero, médico residente de cuarto año desplazado desde León, explicaba a los medios su frustración: «El modelo nos frustra porque supone un detrimento de la calidad asistencial y compromete también la seguridad del paciente».
Una unión histórica y el relevo generacional
Ángela Hernández, secretaria general de AMYTS, ha destacado la magnitud de la movilización, asegurando que «esta unión de enfado médico no se veía desde el año 95» y celebrando que «la profesión médica ha despertado».
La protesta ha contado también con un fuerte componente intergeneracional. Estudiantes de medicina e hijos de médicos han acudido para apoyar las reivindicaciones, rechazando heredar las condiciones laborales de sus padres. «Hemos vivido lo que son guardias sin dormir, luego volver a casa, ocuparte de tus hijos […] no queremos tener esa vida», afirmaba Lucía, estudiante e hija de facultativos, quien junto a su compañera Carolina advierte que no quieren terminar como «médicos quemados».
Con las negociaciones estancadas y el Ministerio apoyado en los sindicatos de clase, el conflicto amenaza con cronificarse en los próximos meses, poniendo en jaque la normalidad asistencial del sistema público de salud.
