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lunes, 9 de marzo de 2026
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Marea morada en Cádiz: Un 8M de ritmo, diversidad y reivindicaciones con ausencias notables

Marea morada en Cádiz: Un 8M de ritmo, diversidad y reivindicaciones con ausencias notables

Por

Miguel Ángel

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La Plaza de San Juan de Dios ha sido el epicentro del 8M gaditano. Una jornada de unión, diversidad y abolicionismo que, sin embargo, ha quedado marcada por la ausencia de condenas a la represión en Irán y por el choque entre las exigencias de la calle y los recientes escándalos de los partidos que enarbolan la bandera feminista.

Cádiz, 9 de marzo. — La Tacita de Plata volvió a echarse a la calle este pasado 8 de marzo. Desde primera hora, la marea morada recorrió las principales avenidas de la ciudad hasta desembocar a las puertas del Ayuntamiento, demostrando que el movimiento feminista gaditano sigue vivo, es intergeneracional y transversal. Sin embargo, más allá de los lemas de cabecera, la jornada dejó una lectura política llena de contrastes.

Un crisol de luchas y celebración frente al Consistorio

Las calles sirvieron de paraguas para diversas demandas sociales. Encabezando distintos tramos, se pudieron leer lemas contundentes como “Frente al fascismo: ¡Feminismos!” (Comisión 8M Cádiz) o el grito unánime de las Mujeres Feministas de Cádiz: “Contra el terrorismo machista”.

La marcha destacó por su interseccionalidad, con la presencia de la Marea Blanca Gaditana defendiendo la sanidad pública, asociaciones como Amazonas o APDHA exigiendo una “justicia global feminista”, y colectivos de mujeres con diversidad funcional reclamando entornos accesibles. Todo ello acompañado de momentos de celebración y sororidad, como el vistoso baile tradicional latinoamericano que varias mujeres, ataviadas con faldas de gran vuelo, interpretaron frente al Consistorio llenando la plaza de ritmo y color.

Los discursos: represión local y el silencio sobre Irán

El punto álgido de la concentración llegó con la lectura del manifiesto. Durante las intervenciones, se puso el foco en los problemas estructurales más cercanos: la precariedad de las mujeres trabajadoras, el empobrecimiento sistemático y el clamor del “No a la guerra”, un mensaje recurrente entre las pancartas y cánticos.

Sin embargo, en un discurso que apelaba a la justicia global, hubo silencios ensordecedores. Para parte de los asistentes, el manifiesto pecó de miopía internacional. Se echó en falta una mención directa a situaciones de extrema urgencia actual, como la brutal represión y los asesinatos que sufren las mujeres en Irán. La falta de nombres propios en conflictos internacionales concretos dejó una sensación agridulce, evidenciando que, a veces, el sesgo ideológico deja en la sombra batallas que necesitan desesperadamente el altavoz del 8M.

Abolicionismo y la hipocresía de la izquierda institucional

Esta no fue la única contradicción de la jornada. Entre los cánticos que resonaron en la plaza, la exigencia de abolir la prostitución fue una de las proclamas más repetidas. Sin embargo, para los observadores más críticos, este grito chocó frontalmente con la crisis de coherencia que atraviesa la política nacional.

Resultó paradójico que la izquierda institucional, que históricamente ha intentado capitalizar políticamente estas marchas, se encontrase atravesada por escándalos que dinamitan el discurso feminista. Los recientes casos que han sacudido a formaciones progresistas —como la caída de Íñigo Errejón tras las múltiples acusaciones por violencia machista y agresiones sexuales, o las tramas de corrupción vinculadas a la explotación sexual que han ensombrecido a figuras como José Luis Ábalosplanearon sobre la manifestación como el gran elefante en la habitación.

Mientras la calle gritaba contra el terrorismo machista y exigía el fin de la trata y la prostitución, la credibilidad de las estructuras políticas que dicen representarlas se encontraba más en entredicho que nunca. El 8M gaditano dejó claro que la lucha sigue, pero también evidenció una profunda brecha entre las demandas reales de las mujeres y la hipocresía de quienes ocupan los escaños.


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