Lo que debía ser un protocolo estándar de emergencia se ha convertido en una de las principales piezas del rompecabezas que intenta resolver la tragedia ferroviaria de Adamuz. Días después del fatídico accidente del pasado 18 de enero, que se ha cobrado la vida de al menos 43 personas, la filtración de las comunicaciones entre la cabina y el puesto de mando ha arrojado más dudas que certezas.
El “enganchón” y la omisión clave
Según ha trascendido en las últimas horas, las grabaciones de la caja negra y las llamadas al Centro de Control de Tráfico Centralizado (CTC) de Adif revelan que el maquinista del tren Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid, no fue consciente inicialmente de la magnitud del desastre. En su primera comunicación, el conductor describió lo sucedido como un “enganchón” y confirmó el descarrilamiento, advirtiendo que estaba “invadiendo la vía contigua”.
Sin embargo, lo que ha desconcertado a los expertos es la ausencia total de referencias al tren Alvia (Madrid-Huelva) que circulaba en sentido contrario por esa misma vía invadida. En los audios analizados, el maquinista solicita urgentemente el corte de la circulación y asistencia médica por un incendio en uno de los coches, pero en ningún momento alerta de haber colisionado o visto pasar al otro convoy escasos segundos antes.
El silencio del Centro de Control
La incógnita se extiende a la respuesta de Adif. Durante la tensa conversación, desde el centro de control en Atocha se limitaron a confirmar la recepción del aviso y a asegurar que no había “ningún tren llegando” en ese momento, una afirmación que contrasta trágicamente con la realidad de lo que acababa de ocurrir en las vías.
Fuentes cercanas a la investigación señalan como “altamente inusual” que el sistema o los controladores no alertaran de inmediato sobre el cruce del Alvia, cuya colisión con los vagones descarrilados del Iryo fue la causante de la mayor parte de las víctimas mortales y los daños estructurales.
La hipótesis de la vía rota
Mientras la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) analiza estos silencios en las comunicaciones, los trabajos sobre el terreno apuntan a un fallo en la infraestructura. La principal hipótesis de trabajo sigue centrada en la rotura de una soldadura en el raíl (el carril derecho en sentido Madrid), lo que habría provocado el descarrilamiento del coche número 6 del Iryo.
Fue precisamente este vagón, y los que le seguían, los que se salieron del eje y golpearon lateralmente al Alvia. La investigación deberá determinar ahora si la falta de mención al segundo tren en los audios se debió a la confusión del momento, a la visibilidad reducida o a un fallo en los sistemas de detección de presencia en vía.

Con la cifra de fallecidos elevada a 43 y decenas de heridos aún recuperándose, Adamuz busca respuestas. Lo que parecía un accidente mecánico complejo ha sumado ahora un factor humano y comunicativo que será clave para depurar responsabilidades en los próximos meses.
