La historia parece repetirse en Teherán, pero los ecos apenas resuenan en ciertos despachos de Madrid. Mientras las calles de las principales ciudades iraníes viven desde finales de diciembre la mayor revuelta contra el régimen teocrático de los últimos años, la izquierda española ha optado por una estrategia de cautela diplomática y silencio mediático que contrasta con la contundencia mostrada en otros conflictos internacionales recientes.

Según los últimos informes de las ONG de Derechos Humanos que operan en la clandestinidad, la represión gubernamental ya se ha cobrado la vida de al menos 50 personas y ha llevado a la cárcel a más de un millar de disidentes desde que estallara la crisis el pasado 28 de diciembre. Sin embargo, la respuesta institucional y política del espectro progresista en España —desde el ala socialista del Gobierno hasta los socios de Sumar y otras fuerzas de la investidura— se mueve entre la incomodidad y el perfil bajo.
El “doble rasero” de la política exterior
La crítica principal que afronta el Ejecutivo en este inicio de 2026 es la acusación de mantener un “doble rasero”. Fuentes de la oposición y diversos analistas políticos señalan la rapidez con la que los partidos de izquierda suelen movilizarse ante injusticias en otras latitudes, en contraposición con la tibieza mostrada ahora ante los Ayatolás.
Mientras que las redes sociales de líderes de la izquierda hierven con otras causas globales, las menciones a la lucha de las mujeres iraníes o a la brutalidad de la Guardia Revolucionaria son, por el momento, anecdóticas o inexistentes.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se apela a la prudencia para no entorpecer las delicadas vías diplomáticas y los intereses energéticos y estratégicos en la región, pero el silencio de los socios minoritarios del Gobierno, habitualmente más vocales en materia de Derechos Humanos, ha despertado malestar incluso entre sus propias bases, que no entienden cómo se “pasa de puntillas” ante una revolución que pide libertad y laicismo.
La oposición exige contundencia
Por su parte, la oposición ha aprovechado este vacío para exigir una condena firme y sin paliativos. Se acusa a la izquierda de ignorar el sufrimiento de los manifestantes iraníes por no encajar cómodamente en sus esquemas geopolíticos habituales.
La crisis en Irán, lejos de apagarse, amenaza con escalar en las próximas semanas, lo que obligará tarde o temprano a la política española a abandonar la ambigüedad y posicionarse claramente ante un régimen que ha decidido responder con fuego a las ansias de cambio de su población.